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atletismo Plusmarquista en superación

Una importante deficiencia visual y la falta de ayudas no han impedido que Gustavo Nieves brille en el atletismo

Autor:
X. R. Castro
Fecha de publicación:

Ni una importante pérdida de visión repentina e inesperada, ni mucho menos la falta de ayudas consiguió que Gustavo Nieves Campello abandonase la práctica deportiva. Tuvo que dejar el fútbol, pero a cambio encontró refugio en un atletismo que ahora le acaba de dar un récord del mundo para discapacitados visuales.

Gustavo Nieves ha tenido que sortear obstáculos desde la cuna. Aunque nació en Vilalba, a los pocos días le tocó emigrar con sus padres a Alemania. Su progenitor todavía continúa allí 27 años después, pero Gus regresó con cinco años. Lo hizo para establecerse en Vigo, en donde descubrió su pasión por el fútbol. Jugó hasta la categoría de juveniles y como mediocentro en el Sárdoma y en el Alerta Travesas «y la verdad, no se me daba nada mal».

Pero cuando tenía 17 años el balompié perdió a un Makelele en potencia. Gustavo Nieves sufrió una importante pérdida de visión, de un modo inesperado, repentino y sin ningún precedente familiar. «Fue inesperado, me llegó cuando tenía 17 años y sin ningún precedente en la familia», comenta. No fue una pérdida de visión cualquiera como confirma su categoría. Pertenece a los T-12, tan solo un paso por encima de los ciegos totales.

Lo que sería un golpe descomunal para muchos, no lo fue tanto para él. «Lo encajé bastante bien -recuerda-, siempre es un chasco que te vengan cosas así, pero dentro de lo malo lo encajé bastante bien».

Fue entonces cuando el atletismo suplió al fútbol. Siempre le había gustado y decidió comenzar a correr en el parque vigués de Castrelos: «Empecé a correr de casualidad y poco a poco le vas cogiendo el gusanillo, tienes ganas de mejorar. Comencé como comienza todo el mundo». Su bautismo competitivo llegó en el año 1998, en la media maratón de Vigo en la que estableció un tiempo de 1 hora y 13 minutos. Ese día decidió que iba a correr en serio. Aunque la cosa no fue fácil, por la falta de ayudas y por sus problemas visuales.

Hasta hace bien poco, el deporte paralímpico, con independencia de la discapacidad, era un páramo. Un solar que ni salía en la foto. Por eso el propio Gustavo hizo una particular travesía en el desierto y se tragó un ciclo olímpico. Estuvo en Sídney compitiendo en el 10.000 (fue sexto y primer blanco), pero ante la falta de ayudas ni se planteó ir a Atenas. Se centró en su carrera de ingeniería de minas -«menos difícil de lo que la gente cree»-.

En Pekín volvió a sentir la llamada de su deporte. Apuntaba hacia medalla, pero se quedó por el camino. Un mal día le pasó factura y le dejó tocado. Fue aquí en donde dio una nueva muestra de superación. Cogió los bártulos, abandonó Vigo y el Celta y se marchó a Pontevedra para entrenar a las órdenes de Pablo Díaz y formar parte de la Gimnástica.

Con Pablo, licenciado en INEF, tiene la seguridad que antes le faltaba. Le gestiona las ayudas -apunta que todo cambió gracias a Chano Rodríguez y que ahora ya se puede vivir del atletismo «para ir tirando»-, le prepara los entrenamientos y hasta corre con él y le hace de guía. «Padece el efecto túnel y cuando el día oscurece tiene algún problema, aunque memoriza muy bien. Cuando llegó a Pontevedra le costó un poquito, pero ahora ya se defiende bien. Igual ve sombras, pero identifica a la gente por su voz». También le ayuda en el cros, su pasión y a la vez su torpeza, «porque si hay barro o hierba tengo que ir más pendiente de no caerme que de correr. En el campeonato gallego me torcí un tobillo y casi no pude acabar», dice. Siempre que puede su entrenador corre la misma prueba para marcarle el paso.

Entre los dos esperan fabricar un campeón olímpico en Londres. De entrada ya tiene un récord mundial en el 10.000, apunta a un título europeo en el 5.000 el próximo junio y tampoco renuncia «a dar caña» en categorías absolutas. Nada tiene nada que envidiarles.

 

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Plusmarquista en superación
Pablo Díaz ejerce de entrenador y guía de Nieves, que sufrió una gran pérdida de visión a los 17 años
Autor de la imagen: | RAMÓN LEIRO
 
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