Cuentan con orgullo el gol del jugador en la final ante Alemania, con el que se firmó la primera Eurocopa en color para nuestro deporte rey
Claudio Torres y Maruja Vigo viven en Xiadas, parroquia de Gastrar, en el concello de Boqueixón. A menos de veinte kilómetros de la capital gallega. Claudio y Maruja ya hace años que celebraron sus bodas de oro. Tienen nueve hijos y quince nietos.
Claudio y Maruja viven en la misma casa en la que nació Pepe Torres, inspector de policía jubilado, que se fue hace varias décadas a Fuenlabrada para ejercer su profesión. En la capital de España nacieron sus tres hijos. El más pequeño, Fernando, tiene ahora 24 años (los cumplió el pasado marzo). Fernando, el nuevo héroe nacional, que después de 44 años hizo olvidar el gol de Marcelino, que significó la Eurocopa de Naciones en blanco y negro, firmó el tercer gran éxito de la selección española de fútbol (también hay que recordar el oro olímpico de Barcelona 92).
El gol de Fernando Torres en Viena fue en color, aunque su abuelo Claudio, que hace años perdió la vista, no pudo verlo. Pero lo disfrutó igual. Pegado durante todo el mes al transistor, Claudio festejó el tanto de su nieto que a la postre valió un título. Aunque nunca fue un enamorado del fútbol, desde que el ariete empezó a dar sus primeros pasos en el fútbol profesional con el Atlético de Madrid, el abuelo no se pierde detalle: «Nunca fun un afeccionado ao fútbol, pero agora teño que selo, pois está o meu neto e gústame estar pendente de todo o que fai», recuerda Claudio.
Destaca con orgullo algunas de las virtudes futbolísticas y personales de su nieto, el gran héroe de la Eurocopa. «Era un neno normal, que lle gustaba moito xogar. Era un neno bo e moi intelixente».
Mientras, su tío Bruno, el que más pasión tiene por el fútbol de todos los hijos de Claudio, y el que más controla la evolución profesional de Fernando Torres, confirma que era «un bo estudante» y que conseguía «sempre» muy buenas notas. También apunta que era «un neno como case que todos, ou sexa, moi activo e sempre con ganas de xogar».
Las primeras patadas a un balón las dio Fernando Torres con su tío Bruno, quien lo define como «un gañador nato que sempre quere ser o primeiro». Recuerda que ya desde muy pequeño destacó y mostró sus cualidades por encima de los demás niños: «Lembro que cando estaba no colexio en Fuenlabrada se lle vían moitas maneiras, ata que o levou o Atlético, con 12 ou 13 anos».
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