Julián Núñez fue el primer ayudante de dirección de Chano Piñeiro y participó en el rodaje de Mamasunción como testigo de excepción. El director madrileño asegura que nunca antes ni después participó en un proyecto semejante al de Piñeiro.
?¿Cómo fue la experiencia del rodaje con Chano en «Mamasunción»?
?Fue un trabajo hoy difícil de entender y de explicar. Nos vimos metidos en el mundo de Chano, en el mundo que para mí era raro del rural gallego y de una «actora» que no interpretaba el personaje, que vivía la historia como se la contaban.
?¿Por qué participó en la película?
?Realmente Chano nos embaucaba. Empezaba a contarnos sus proyectos y la manera en que quería hacerlos, y al final acababa contagiándonos su energía y su ilusión y todos queríamos participar en esa historia.
?Usted continuó trabajando con Chano en el resto de sus películas.
?Realmente yo me contagié del espíritu de Chano. Cuando rodó Sempre Xonxa yo tenía otros trabajos y él quería hacerla de una manera particular. Pretendía que en la película estuviesen presentes las cuatro estaciones del año. Eso significaba para mí dejar algunos trabajos y coger otros. Pero, al final, lo que más me valía era trabajar con él y la película se hizo a su manera. Tardamos en terminarla casi dos años.
?¿Volvió usted a participar en algún proyecto similar a «Mamasunción»?
?No, y no creo que vuelva a hacerlo. Es difícil que haya hoy directores que quieran trabajar así. Además es imposible encontrar una protagonista como era Asunción Ogando que, en realidad, no interpretaba.
?¿Cuál era la estrategia que utilizaban para que ella entendiera lo que tenía que hacer?
?Ella hablaba un gallego muy cerrado, de manera que ni los propios gallegos la entendían bien. Teníamos a una chica que nos hacía casi de intérprete. Nos contaba lo que ella decía y Chano le iba dando instrucciones de lo que quería a cada momento. Ella no recordaba por la tarde lo que habíamos hecho por la mañana, y cuando veía tanta gente siempre nos preguntaba qué hacíamos allí. Luego nos invitaba a tomar un café o unas galletas porque se sentía extraña. Sin embargo, recordaba perfectamente todo lo que le había sucedido hasta los dieciséis años y nos contaba todas esas historias.
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