crÓNICAs coruñesas

Cuando la Navidad nos deslumbraba


02/12/2016 11:11

En la calle Costa Rica ya cuelga la luminotecnia de Navidad que todos los años encarga la discoteca Chaston. La ves y sonríes. Se trata de una tradición encantadora en su sencillez. Te advierte, cuando vas a toda velocidad, cuán especiales son estas fechas que conviene saborear lentamente. En la memoria todos tenemos las letras formadas por aquellas bombillas redondas de colores. Como las banderas de mil y un país de las romerías han ganado encanto con los años. Pero ahora forman parte del pasado. Las prohíben por causas ecológicas. En su lugar hay unas luces led modernas. Tanto da. Todos evocaremos las anteriores.

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Iluminación navideña en la zona de la plaza de Lugo en 1999

No hay fechas que jueguen tanto con la nostalgia y los recuerdos almacenados en la niñez como las que llegan. En los Mallos se colocaba un adorno similar al de Chaston en la calle San Luis. Lo promovía la tienda de electrodomésticos del mismo nombre, que trabajaba en aquellas fechas a pleno rendimiento. Pero, al cerrar, dejó a oscuras la Navidad de ese tramo. Sería un preludio de lo que iba a suceder en muchos viales del barrio años después, cuando la crisis y las medidas energéticas de la Unión Europea se llevaron por delante el fulgor de diciembre y primeros de enero.

¿Eran antes más espectaculares las luces de Navidad en la ciudad o se trata de una tramposa sensación idealizada? Parece que más bien lo primero. Todos tenemos grabadas en la mente aquellas fachadas de El Corte Inglés, cubiertas de arriba abajo hasta deslumbrar. Toda esa masa lumínica proyectada en la cara de un niño boquiabierto servía de fotografía perfecta de lo que eran estas fechas. También resultaba impactante el traje con el que se vestía El Pote, con un brillo que se mezclaba con musica navideña. Y, por supuesto, los barrios donde los comerciantes se juntaban para contratar los arcos de bombillas que complementaban la claridad de sus escaparates y daban vida a sus cajas registradoras. ¿Recuerdan la calle Barcelona, la avenida de los Mallos, la ronda de Outeiro o la avenida de Finisterre de entonces? ¿A que sí? ¿A que no es lo mismo?

Todo se torció a finales de la década pasada. La luz se volvió tenue. A cambio, el Ayuntamiento nos obsequió con filigranas en las plazas, tubos de led enroscados en los troncos de los árboles y figuras refulgentes a su lado. También un enorme cono en el Obelisco en sustitución del viejo árbol de los Cantones, que muchos aún lloran y que, en la memoria, se ve aún gigante. Ayer lo estaban colocando. Es el símbolo de esta Navidad moderna, ecológica, austera y de crisis que nos ha tocado vivir desde hace unos años. Esa que deja un cierto regusto de insatisfacción e invita a compararla con un pasado que ya no volverá. A no ser que se produzca uno de esos milagros que solo ocurren en Navidad.

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