Un grupo de jóvenes formaron un futbolín humano que disputó un hilarante partido en plena calle
Estaba previsto y las previsiones se cumplieron. La calle Barrera dobló el público del sábado y, por extensión, dobló la muestra de ingenio, humor y ganas de fiesta de los coruñeses. Muchos repetían. El cuerpo de bomberos con extra de toque sexi o la selección gallega de curling, por ejemplo. Otros se dejaban ver por primer vez, como el grupo de chicas instaladas en una pantalla de Facebook o el futbolín humano que despertó la admiración en una calle que ayer, valga la redundancia, se echó a la calle.
En efecto. No era día de estar en los bares. Era día de coger la consumición y salir afuera a ver y dejarse ver. Y también, en muchos casos a ligotear con la coartada carnavalera. Véase un enjambre de abejas que cada vez que pasaban unas chicas guapas se echaban a por ellas. ¿Cómo podían enojarse si ellos las estaban tratando como unas bellas e irrisibles flores?
El buen rollo pasadas las doce de la noche era total. En la Barrera, pero también en los Olmos, en la Galera y Torreiro. Tanto que Gárgamel hacía migas con los pitufos, Angus Young de AD/DC se paseaba del brazo de un componente de Kiss feminizado y los jefes árabes bailaban a Gloria Estefan con un estilo impecable.
Entre los disfraces llamó la atención un chico que iba de Julius, el joven alemán lleva bolsas de basura y el rostro tiznado y que se ha convertido en uno de los personajes conocidos de la ciudad. «Es mi homenaje a Julius, un hombre que va a su bola y no se mete con nadie», decía mientras mostraba los corchos quemados con los que lograba el negro de su rostro. A su lado, pasaba una cuadrilla que parecía rescatada de la era disco con unas pintas que ni Giorgio Moroder. Pero también tres simpáticas chicas enfrascadas en sus trajes de conejitos Duracell, pilas incluidas.
Se mirase a donde se mirase la sonrisa no decaía. Michael Jackson con mascarilla, tres snorkels de colores diferentes y un grupo de piratas. Pero, ojo, se llevaron el barco a la calle convenientemente equipado de bebidas y comidas. Otros optaron por sacar a la calle la filloeira y, además de mostrar su destreza con la sartén, obsequiar a los amigos con el plato típico de una fiesta que solo estaba empezando. En los jardines de Méndez Núñez ocurría lo mismo. Y en el Orzán ocurriría poco después.
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