A Coruña que pudo ser y no fue

Rodri García / Rubén Ventureira

A CORUÑA

Una exposición del Museo de Belas Artes muestra algunos de los espectaculares proyectos para la ciudad que nunca llegaron a ejecutarse, aunque no son los únicos

02 feb 2009 . Actualizado a las 12:50 h.

El espíritu de la ciudad bella, «la beautiful city de los grandes parques (Santa Margarita), de los jardines (la Rosaleda) y de los paseos (Méndez Núñez), sobre los que se dispondrán ordenadamente los quioscos (Lino, Alfonso, La Terraza); la ciudad de los hoteles (Atlántico, Oriental, Francia) y la ciudad balneario, con la que por primera vez en la historia lo urbano mira de frente al mar bravo del Orzán». Esto escribe Xosé Lois Martínez Suárez, vicerrector de la Universidad coruñesa, en el catálogo de la exposición A Coruña, a cidade na arte, que el pasado viernes se inauguró en el Museo de Belas Artes; en dicha muestra, junto con este desarrollo de la ciudad referido al segundo plan del Ensanche redactado en 1910 por Pedro Mariño, aparecen espectaculares proyectos para la misma que han quedado en eso: proyectos, ideas para otra Coruña que puedo ser, pero no fue, esa Coruña imposible que dio título al cortometraje de Paco Rañal. De todos modos, los ejemplos se prolongan hasta la actualidad, con casos como el fallido proyecto Bofill en los años ochenta o el mas reciente de Jean Nouvel para Palexco.

Es precisamente el que fuera durante años arquitecto municipal, Pedro Mariño (1865-1931), el autor de algunas de las más llamativas imágenes que pueden verse en la exposición: el proyecto del grupo escolar Concepción Arenal. Del mismo año, 1911, es el boceto de otro grupo escolar, Curros Enríquez, que sería modificado y tardaría décadas en ser utilizado como colegio puesto que su construcción concluyó al iniciarse la Guerra Civil.

Si las imágenes anteriores impactan, mas lo hace ver el Museo de Belas Artes en un lateral de la plaza de María Pita, al lado de la iglesia de San Jorge. Es un proyecto elaborado en 1929 por Rafael González Villar y pasarían unas cuantas décadas hasta que, a mediados de los años noventa, Manuel Gallego Jorreto consiguiera el Premio Nacional de Arquitectura con el actual edificio que alberga este museo.