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qué fue de el fraude electoral en fisterra en el 2003 Un pucherazo sin autor conocido

Hace siete años un centenar de votos falsos llegados de Argentina obligaron a repetir los comicios en una mesa electoral, hoy el caso está archivado y sin condena

Autor:
Eduardo Eiroa
Fecha de publicación:

A la historia de Fisterra pasarán las elecciones municipales del 2003 como las más turbulentas. También serán recordadas, seguramente, en el resto de Galicia, porque aquellos comicios locales tuvieron repercusiones en otras Administraciones.

El 25 de mayo los fisterráns acudieron a su cita con las urnas en una jornada que transcurrió con aparente normalidad. No hubo problemas en las mesas instaladas en el municipio, pero la caja de los truenos se abrió cuando aparecieron las sacas con las papeletas procedentes de la emigración.

En una de aquellas bolsas aparecieron 83 votos falsos. En realidad, lo falsificado no era el voto, sino las certificaciones censales que debían acompañar a las papeletas. Todas ellas iban acompañadas por el mismo número de censo, correspondiente a un único elector.

A un año de las próximas elecciones el voto emigrante vuelve a estar en el candelero. Esta vez porque tal vez las sacas ya no cuenten. Seguramente lo ocurrido en Fisterra esté detrás de la urgencia de los partidos en reformar la participación de la diáspora en unas elecciones. Máxime cuando en casos como el de Fisterra, Argentina era capaz de determinar el color de un gobierno.

Si nadie se hubiera fijado en aquellas certificaciones censales el PP se hubiera quedado sin la mayoría absoluta en una cita electoral a la que concurrieron seis formaciones políticas.

Pero alguien se fijó y aquellos sobres falsificados acabaron en los tribunales. Los partidos políticos se tiraron entonces los trastos unos a otros, cada cual mirando para el de enfrente en busca de responsabilidades. El caso, de la máxima gravedad, generó la apertura de un proceso penal.

El intento de pucherazo no solo afectaba a los fisterráns. Después de que la Junta Electoral invalidara los resultados de las elecciones en Fisterra, quedó también en suspenso la constitución de la Diputación. El organismo provincial dependía de la finalización de los comicios, y en el caso de Fisterra, tardaron lo suyo.

Al final, el TSXG decidió una repetición parcial de las elecciones en el municipio. Ya que las papeletas llegadas de Argentina acabaron en una mesa electoral de Fisterra, se decidió que se repitieran las elecciones en esa mesa y también en la emigración.

Se prohibió hacer campaña y no se notificó a los electores aquella segunda vuelta.

En total, estaban llamados a votar 943 fisterráns y cerca de 500 emigrantes. El 26 de octubre, cinco meses después, la urna volvía a abrirse para acabar el proceso interrumpido.

Los interventores miraron con lupa los sobres llegados de fuera y que, una vez más, dejaron a más de uno con la mosca detrás de la oreja. Para empezar, las 484 solicitudes de voto desde el extranjero se tradujeron solo en la llegada de 291 sufragios. Nadie se explica qué fue del resto, aunque algunos sospecharon entonces que seguramente en algún punto del transporte se aplicó un filtro interesado. No se supo. En cualquier caso, desde Argentina llegaron solo 43 papeletas, de las cuales solo seis fueron admitidas. El resto presentó algún tipo de irregularidad en la documentación.

Los sufragios llegados desde Argentina para cada partido también variaron sensiblemente con respecto a las logradas por cada formación cinco meses atrás. El PP subió 60 y logró 103, el PSOE quedó ligeramente por debajo, perdiendo cerca de un centenar de apoyos. Finalmente, el CDI, que en mayo había alcanzado el centenar de votos, se llevó solo nueve en la segunda vuelta.

Nueva mayoría

Te todo aquel jaleo fue el PP el partido que salió mejor parado. A la segunda alcanzó la mayoría absoluta que antes se le había escapado, la primera que lograba desde 1987 y que hoy, con otras elecciones municipales de por medio, mantiene.

Aquel caso, lógicamente, dejó graves cruces de acusaciones entre distintos partidos. Finalmente, unas 40 papeletas de las falsificadas que no llegaron a entrar en la urna parece que tenían como destino al CDI. Pero los disparos no apuntaban entonces solo al autor del pucherazo. Se preguntaban entonces los socialistas cómo es que los populares supieron que había falsificaciones censales.

El caso acabó en la vía penal en el Juzgado número 1 de Corcubión, que entonces abrió diligencias. La Policía Judicial llegó a pedir entonces a Buenos Aires que tomaran declaración a posibles implicados e la trama. En Fisterra unos apuntaban al PSOE, otros al CDI, y otros al PP que, decían entonces, se habría guardado el comodín de las falsificaciones censales para impugnar el proceso si no le salían las cuentas.

El asunto, que entonces causó un gran revuelo, se fue diluyendo con el tiempo. Nació haciendo mucho ruido pero falleció en el más completo silencio cuando el año pasado, confirman desde el TSXG, el Juzgado de Corcubión archivó las diligencias. También el año pasado la Audiencia Provincial confirmó el archivo del caso sin que llegase a haber imputados y sin que, lógicamente, se hubiese descubierto al culpable.

La cosa, al final, quedó en nada. Al menos en lo legal. En lo político sirvió para manchar todavía más el ya maltrecho voto emigrante y para poner de nuevo en primera línea las dudas sobre la conveniencia de mantener el peso del censo de residentes ausentes (CERA) en los comicios.

Sirvió también a los populares para hacerse con la mayoría absoluta que hoy mantienen en Fisterra, y también para que Antonio Domínguez por el PP y Manuel Noceda -seguido después por Alejandro Rodríguez- por el PSOE, fuesen nombrados diputados provinciales, eso sí, con cinco meses de retraso como consecuencia del jaleo montado con las sacas del pucherazo.

 

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Un pucherazo sin autor conocido
Las elecciones tuvieron que repetirse el 26 de octubre del 2003 en una de las mesas de Fisterra
Autor de la imagen: | MILLARES

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