La cara oeste del municipio esconde islotes y elevados acantilados
El Cabo Fisterra es el segundo punto más visitado de Galicia, pero la mayoría de quienes lo hacen se quedan en lo más tradicional: la punta del Cabo y todo lo que la caracteriza (faro, Semáforo, cruz y botas del peregrinos...), el cementerio de Portela, el mirador (antiguo vertedero), Cabanas, Talón, el puerto; Langosteira, Mar de Fóra y O Rostro.... Lugares señalados, emblemáticos, pero no los únicos de interés para ver durante una visita con algo de tiempo.
Castromiñán, por ejemplo, es uno de los castros marítimos más espectaculares de Galicia. Situado a escasos metros de la aldea (parroquia de Sardiñeiro) del mismo nombre, en la zona llamada Monte Castelo, sus murallas cubiertas casi se pueden tocar. Hubo una torre, en el centro, y hay quien la emparenta con las famosas de Augusto. También se accede desde el sur de O Rostro, pero siempre a pie. En el año 98, la Universidade de Santiago tenía un proyecto para excavarlo, encabezado por Alonso Romero, y el Concello lo aprobaba, pero Patrimonio lo fue dejando.
No lejos, en San Martiño de Duio, se encuentra el cruceiro da Rapadoira, al pie del Camiño, uno de los más antiguos de Fisterra y de la zona. Impresiona. Pero más lo hacen los acantilados del municipio. Por ejemplo, los de los islotes O Berrón, en la punta del Cabo da Nave (hay un paso estrecho, como el Bufardo de Vilán de Fóra); Punta Longa, un poco más al norte, o el Gavoteiro, más al sur. Estos tres completan el archipiélago rocoso que algunos limitan solo al Centulo, de unos 33 metros de altura y pasmosa verticalidad en uno de sus costados.
Quien busque buenas vistas tiene, ya se sabe, las que se aprecian desde los aledaños de la ermita de San Guillermo, excavada en parte, pero muy conocidas. Menos lo son las del monte Seoane, en lo más alto de Sardiñeiro (Seoane deriva de San Xoán, que es el patrón de la parroquia), accesible desde los lugares de Denle o Mallas, por ejemplo. Incluso se puede acceder en coche, con ciertas precauciones, lo mismo que por las pistas forestales del Cabo, a las que las últimas lluvias han desmejorado un tanto y son ahora enemigas acérrimas de coches con cárteres bajos, como se pudo comprobar el domingo.
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