La enorme cosecha del pasado año todavía se vende sin problemas por la falta de competencia
Las inundaciones que han afectado a la comunidad de Andalucía y, en menor medida, a la de Murcia, han sido fundamentales para el sector hortícola de la zona. La patata de la última cosecha, que fue enorme y que sigue almacenada, se sigue vendiendo sin problemas porque no hay otra en el mercado. Los tubérculos más recientes proceden de Egipto, pero están llegando a 60 céntimos el kilo, por lo que sale mucho más rentable seguir consumiendo el producto local.
A pesar de eso, los distribuidores señalan que todavía queda mucha patata en los almacenes y lo peor del caso es que los precios se han mantenido a lo largo de toda la campaña. A estas alturas las patatas debían estar más caras, pero la cantidad que se recogió a finales del verano pasado ha provocado que las cotizaciones sigan bajas. Actualmente la variedad Kennebec, que es la más común en la zona, se mantiene entre los 20 y los 50 céntimos, aunque para alcanzar el precio máximo es necesario que los tubérculos estén muy bien conservados.
Dentro de lo que cabe, el clima ha estado de parte de los agricultores de la zona. La última cosecha fue demasiado abundante, sobre todo para una época de recesión, pero los cálculos erróneos se han compensado con un invierno frío, que ha mantenido en buenas condiciones las patatas almacenadas y con demasiada agua en las áreas que hacen competencia a la patata gallega, por lo que es muy posible que todavía se vendan los restos de la última cosecha cuando comience a recogerse la más temprana del año, entre mayo y junio.
Los proveedores de patata de siembra han notado en los últimos días una cierta recuperación de la demanda. El hecho de que no esté entrando producto foráneo hace que los agricultores se animen a plantar, pero los bajos precios de esta campaña están provocando que la superficie dedicada a este cultivo sea sensiblemente inferior a la del año pasado.
El septiembre del 2009 ya se sabía que se había plantado un 30% más que en el 2008. El motivo fueron las altas cotizaciones y la poca patata que se pudo vender. La zona fue atacada por dos enfermedades que diezmaron notablemente la producción. Por ello era habitual que el kilo costara un euro. Eso animó a los labradores. La mayor plantación y la escasa incidencia de patologías provocaron que llegara al mercado más patata que nunca. Como es normal, al inicio de la época de siembra se detectó muy poca demanda. El coste de producción en la zona es alto, unos 20 céntimos, y durante el invierno se llegó a vender por menos, por lo que muchos productores no pueden hacer frente a los gastos de una nueva cosecha.
Muchos de los que han abandonado las patatas se están decantando por las verduras. Los grelos son cada vez más atractivos en Bergantiños, al igual que otras especies como las acelgas o los repollos.
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