Los madrileños Ron Lalá consiguieron agotar las entradas para su función y hacer reír a carcajadas a los que pudieron verlos
¿Qué pediría uno si se concediese un último deseo? ¿En qué emplearía su última hora y media? ¿Seguiría atado al ordenador o maquinando cómo subir en una escala de valores impuestos? La madrileña compañía Ron Lalá hizo reflexionar sobre ello en la tarde del domingo a los que de nuevo, en la segunda sesión de teatro de otoño de Carballo, se acercaron hasta el Pazo de Cultura. Tantos como butacas había. De hecho, un cartel rezaba: «Agotadas as entradas para a función de hoxe». Entre las caras conocidas, Alberto Sueiro, presidente de Telón e Aparte y Evencio Ferrero, alcalde de Carballo.
Mundo y final partía como una de las que más podrían sorprender. Por unas cosas para unos y por otras para los demás, pero las risas constantes y los aplausos al final de cada escena demostraron que eso sí lo lograron. Hicieron alusión al lacón con grelos, a la Costa da Morte o a «los Bergantiños». Sabían donde estaban.
Juan Cañas, Íñigo Echeverría (el ansioso destructor), Miguel Magdalena o Perilla de la Villa (el encargado del solo final), Daniel Rovalher y Álvaro Tato llenaron el escenario de actividad. Una mezcla de música con teatro o de puesta en escena con ambiente musical, según los casos y las escenas. Cada cual pudo quedarse con la suya, porque por el escenario pasaron todos los males del hombre actual: las ansias materiales, la dependencia de la tecnología, la ciencia que cambia vidas, la falta de compromiso político (eso de que ni se sube ni se baja), la poca atención al medio ambiente (a este paso, dijeron los de Ron Lalá, cactus y hombres caminarán desnudos por el desierto) o las esperanzas puestas en un héroe (quizás eso de esperar algo mejor) que nunca va a llegar (el Lemon Man, un guiño a su primer espectáculo en formato teatral: Si dentro de un limón metes un gorrión el limón vuela). Imposible no seguir el ritmo de alguno de los temas musicales para anunciar el fin del mundo -fuese con palabras, palmas o, como la mayoría, de pie y cabeza-, o no reírse de la (triste pero acertada) visión de la experiencia humana. Los ronlalaleros creen -también el director, Yayo Cáceres y su ayudante, Florencia Saravi- que otro mundo es posible y para ello seguirán tocando (y creyendo en el teatro). Hubo mucha música, pero en cualquier caso, si se atiende a la definición básica, fue arte. Con recursos plásticos, texto, humor y sonoridad.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios