Dolores de Cospedal aún no había cumplido diez años cuando murió Franco. Por eso quizás no conozca bien la auténtica dimensión de un Estado policial. Porque si fuera consciente de ello, habría acompañado de pruebas su acusación de que jueces y policías se dedican a espiar a dirigentes del PP. Los populares se han empeñado en convertir el caso Gürtel en una magna conspiración dirigida por el Gobierno para acabar con la oposición. Una tremenda acusación que si no se sustenta con pruebas constituye una auténtica carga de profundidad contra la democracia, al sustituir el debate político por la simple difamación. Los líderes políticos deben ser responsables y conscientes de que algunas palabras las carga el diablo.
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