Corcubión apenas se vio beneficiado con la fortuna de este gran mecenas. A pesar de haber efectuado diversas gestiones en distintas épocas, todas ellas fueron infructuosas, y no se consiguió que se instauraran las escuelas que deseaba crear don Simón. En los años sesenta del pasado siglo, el Ayuntamiento inició nuevos trámites para que las rentas anuales del pequeño capital que el Estado logró recuperar por los años 20 y que había invertido en Títulos Nominativos Intransferibles, fueran destinadas a adquirir material para el Centro de Enseñanza Media de Corcubión.
Se consiguió al fin, de la Sección de Fundaciones Benéfico-Docentes del Ministerio de Educación Nacional, autorización para que fuesen invertidos, según orden del 12 de abril de 1962 ( BOE 09-05-1962). En octubre del mismo año se cobraron 7.812 pesetas. Las primeras que se percibieron del gran legado de Simón Tomé Santos, cuyo capital principal se perdió en su mayoría. Se supone que el Ayuntamiento de Madrid, o los hospitales General y Pasión, se han beneficiado de la herencia de nuestro convecino e ilustre paisano. Pese a ello Corcubión le dedicó una de sus principales avenidas. El pueblo de Madrid nunca reconoció a su benefactor, ni una calle, ni placa, ni homenaje alguno a un corcubionés que dotó a la Villa y Corte de un avanzado medio de transporte único en el mundo, así como su fortuna destinada a los necesitados y menesterosos de la ciudad.
Es la historia de un expolio. Madrid tiene una deuda con Simón Tomé Santos y con Corcubión.
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