Una de las compañías de la comarca más importante en la venta de suministros de contrucción, Lar, alcanza la tercera generación
Cuando uno atraviesa la puerta de las instalaciones de la empresa Suministros Lar, en Cee, tiene la sensación de estar en otro lugar. En la nave de una gran empresa en algún centro comercial urbano. Pero no. La empresa es grande, pero está en Cee.
En las oficinas de una de las compañías más importantes de la comarca en la venta de suministros para la construcción recibe amablemente Tatiana Rodríguez. A sus 31 años, la gerente de la empresa garantiza la continuidad de una compañía que llega así a su tercera generación. Su padre habla en el despacho de al lado. Se ve que hay mucho trabajo. Mientras no llega, Tatiana va contando.
Suministros Lar nació modestamente en Corcubión en 1952. Era un pequeño establecimiento de azulejos y sanitarios. Por entonces, la villa tenía todavía cierta pujanza comercial relacionada con las actividades portuarias.
La compañía fue creciendo y hubo que mudarse, esta vez a Cee, donde siguieron creciendo hasta sentir la necesidad de moverse de nuevo, a Lobelos, donde tienen una gran nave con miles de productos abierta al público. Bricolage, cocinas, baños, construcción, electricidad, jardinería. Venden casi todo lo necesario para hacerse una casa entera. Sobre todo baños. Medio siglo vendiéndolos. «Cuantas caras se habrán lavado en nuestros baños», bromea Gonzalo, que entra tras acabar una conversación telefónica.
Van por la tercera generación y cuentan que con cada relevo generacional no se notan demasiado los cambios. Todo evoluciona, aínda que as persoas seguen sendo persoas», dice Gonzalo, en su opinión, las fuentes de las que se aprende son los clientes y la experiencia.
Gonzalo habla de los orígenes: su padre empezó con la empresa al estar su vida laboral relacionada con la construcción. Podían haberse ido a otra parte, pero se quedaron: «Collémoslle cariño á Costa da Morte e decidimos apostar por ela continuando aquí o negocio», cuenta Gonzalo.
No es fácil que una empresa familiar llegue a la tercera generación. Son muchos los hijos que apuntan a otros trabajos. No es el caso. ¿Los motivos? «Es algo que vives desde siempre, algo que mamas. Mi relación con mis padres fue siempre muy estrecha y en casa siempre se habló del trabajo, te va entrando sin querer», cuenta Tatiana.
A los dos se los ve especialmente ilusionados con un proyecto que pusieron en marcha el año pasado y que, desde luego, es pionero en la comarca.
La empresa creó un concurso de murales hechos con azulejos en el que participaron varios colegios de la comarca. Sirvió, claro, para dar a conocer el mundo de los azulejos, pero también, destacan los dos, para estimular de un modo muy especial a los alumnos que participaron en la creación de los murales.
«É un deber das empresas estar co seu entorno e aportar algo á sociedade», dice Gonzalo.
Este año repiten experiencia, pero le han dado nueva forma. Los primeros grandes murales se hicieron allí mismo, en los muros del aparcamiento. Los de este año los preparan los alumnos en cada colegio. Son móviles, y el mes que viene, cuando se falle el premio, se subastarán. Los beneficios que se obtengan irán destinados a dos asociaciones de la zona: APEM y Aspadex. El ejemplo, parece, ha calado y ya los han llamado de otros puntos de España -y Alemania- preguntando detalles. Son aportaciones de las nuevas generaciones. La cuarta acaba de llegar para asegurar el futuro.
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