El alcalde asegura que hay que conjugar el derecho a descansar con la hostelería
El anónimo grafitero que lleva años demandando el derecho de los vecinos de la calle de la Calzada a dormir ha vuelto a actuar.
El desconocido -la pintura negra y la caligrafía son siempre las mismas- ha llenado de pintadas la casas consistorial y su entorno. La oficina de Correos y los bajos del INEM han sido también sus lienzos.
Su reclamación es vieja: se queja del ruido que generan la decena de locales de marcha situados en esa calle y pide una solución al problema.
Para el alcalde, Ramón Vigo, la demanda puede ser legítima, pero no el método de expresarla: «Desvirtúa a razón que poda ter con esas pintadas, ¿onde está o beneficio? Podía poñer unha pancarta ou convocar unha manifestación, pero non encher de pintadas o Concello», dice Vigo.
El problema del ruido persiste en Cee y las quejas del vecindario no han cesado en los últimos años. Según el regidor, la mayoría de los locales se han adaptado a la normativa y el problema se nota, sobre todo, durante los meses de verano, cuando algunos abren sus puertas y la gente sale al exterior. Para el regidor, la solución no pasa por cerrar los locales. Habría que buscar la forma, dice, de conjugar el derecho de los vecinos a descansar con el de la gente a divertirse y el de los hosteleros a hacer negocio.
Otro problema que afecta al municipio es el del botellón, aunque el regidor no quiere demonizar a quienes lo practican. «O botellón é unha forma de expresión da xuventude actual -dice- o compromiso que teñen que ter é o de non ensuciar e o de non pasarse», dice.
Entre los lugares en los que se repiten los daños está el paseo marítimo -donde de vez en cuando desaparecen algunos árboles-, las casetas frente a la playa de La Concha -con cristales rotos y esquinas malolientes-, en el entorno del mercado municipal y en la plaza de Os Castiñeiros, en el caso viejo, donde suelen aparecer restos tras el fin de semana y donde proliferan las pintadas en las paredes de los edificios, muchos de ellos abandonados.
El alcalde reconoce que en la mayor parte de los casos se trata de asuntos puntuales, pero que sí generan problemas y que suponen un desembolso para el Ayuntamiento para reponer el mobiliario público afectado.
Fisterra
Donde parecen haber desaparecido, al menos temporalmente, los problemas con el botellón, es en Fisterra.
En la localidad, explica el teniente de alcalde, Santiago Insua, ya no hay reuniones para beber durante los fines de semana en el colegio Mar de Fóra.
Los jóvenes se concentran ahora mayoritariamente en el parque frente a la iglesia, una zona en la que apenas hay vecinos a los que molestar.
El Ayuntamiento tiene ya los permisos para instalar cámaras en el colegio.
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