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| 17:38
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La noche en que Fraga no murió

Estamos en Chantada. Es la noche del 3 al 4 de noviembre y hace un frío que te mueres. En un recinto sorprendente, el mercado ganadero, se han dado cita unos miles para resucitar el Castañazo-rock, una convocatoria que alcanzó cierta notoriedad en los 90 y a la que la derecha le dio pasaporte en cuanto recuperó la alcaldía. La alternancia en el poder y algunas otras razones levantaron el cartel este año, y escucho con otras dos parejas amigas (Carlos, Cristina, Manolo y Laura), a Cuchufellos, un grupo que suena bien, pero que parece una réplica de Manu Chao. Y no es ela única vez que tendré esa impresión durante la noche. Al fin y al cabo, esa misma tarde, en una mesa redonda, se ha expuesto lo que todo el mundo sabe: el bravú descasa en paz desde hace años. De repente, un portavoz del grupo ofrece desde el escenario una noticia sorprendente: Fraga Iribarne acaba de morir.

Está de coña, comentamos entre nosotros. Pero un rato después, uno de los espectadores empieza a moverse entre la masa con los brazos en alto sujetando un cartel en el que se puede leer el mismo mensaje.

¿Ha muerto Fraga? Por primera vez, conecto el móvil a Internet y busco la portada de algunos periódicos. La aventura golpista de Musharraf y la derrota del Madrid ocupan las portadas. ¿Y Fraga? Nos vamos a la barra a buscar información y un chaval confirma el óbito: «Es verdad. Yo tampoco me lo creía, pero he ido al coche, he encendido la radio y lo estaban dando las noticias». Tres fuentes confirman una noticia, dice el manual, así que, en mi grupo, la damos por buena y don Manuel se mete a saco en una noche en la que nadie le había invitado.

Aunque la presentación del disco de homenaje a Os Diplomáticos, era (supuestamente), la estrella de la noche, los verdaderos protagonistas salen poco más tarde: los Rastreros de Chantada, casi una década después de haber colgado los aperos musicales para elegir una vida normal, se reúnen en escena. Falta uno, Xullo, al que no le fue bien la vida normal. No volverá a tocar nunca, aunque su silueta se perfila en la camiseta de sus cuatro compañeros. Así que todas las piezas se cierran para escuchar la Tratorada, la Vida de Xan o el Kristo Jipi en una concierto emocionante, potente e irrepetible. Poco importa que Heléctrico se haya quedado casi calvo y ya no se baje los pantalones en escena. Se le oye bien. Cuando el grupo ataca O sacristán de Basán, la peña vibra y yo no puedo dejar de pensar que los chavales que más saltan y celebran la canción, la escucharon por vez primera viendo el Xabarín club, entre episodios de Songoku, cuando aún no se limpiaban correctamente los mocos. O sacristán de Basán se coló por aquella inopinada rendija televisiva que aprovecharon O Caimán do río Tea, os Papaqueixos, Skornabois, Heredeiros... Parecía entonces que iba a ocurrir algo, que los cerebros chisporroteaban en las aldeas contra la corriente gris que desde Santiago controlaban personajes como Pérez Varela o Manuel Fraga...

...Fraga ha muerto...

¿Cómo obviar esa noticia histórica en semejante contexto? La idea se cuela entre Johnny Caraperro y la Pandeirada salvaxe; echa leña al fuego de la nostalgia que siento crecer al asistir a un concierto que no es más que una representación de algo que ocurría hace ocho o nueve años y que nos reúne a algunos ocho o nueve años más calvos, más gastados, más desencantados. Algunos, como Xullo, ni siquiera están. Adiós, Xullo. Adiós Rastreros,. Adiós Jorge Casanova de 1998. Adiós Fraga.

De camino a casa, somos incapaces de encontrar una emisora que dé noticias. En Monforte no tenemos Internet así que, cuando me levanto por la mañana, mi suegra está fedellando por la cocina con la radio puesta:

-¿Qué? Murió Fraga, ¿no?

-¿Cómo? No, no. En la radio no han dicho nada.

En el pueblo, ni La Voz ni ningún otro periódico recoge la noticia, así que dejo de preguntar. Me acuerdo de la cara del chaval que llevaba la pancarta en el concierto. «Un cachondo», pienso. Pero para cachondo el que nos contó con toda la gravedad del mundo que había ido al coche a escuchar la noticia.

Así que Fraga sigue vivo. Afortunadamente, el Castañazo también. Incluso yo, mientras me queden ganas de meterme a escuchar música en un mercado ganadero a dos grados sobre cero.

 

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La noche en que Fraga no murió

(Crónica de un castañazo)

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Autor:
Jorge Casanova
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jorgecasano@gmail.com
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PERIODISTA
Biografía:
Nací en Figaredo (Asturias) en 1963, me crié en Barcelona y he desarrollado toda mi vida profesional en La Voz. En la actualidad elaboro reportajes para todas las secciones del periódico.
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