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A las dos de la tarde, en la escuela de los pequeños del colegio O Grupo se desarrolla una actividad que nada tiene que ver con la lectiva, pero que es tan necesaria como esta. Personal de la empresa Golfiño inicia la tarea de reordenar una de las aulas de infantil, en la que hasta hace solo unos minutos desfilaban cuadernos y lápices de colores, para convertirla en comedor.
Sobre las mesas, donde antes había dibujos ahora hay bandejas y los estuches han desaparecido para dejar espacio a los vasos y cubiertos. En un lado de la estancia, sobre unos tableros perfectamente dispuestos para evitar el caos, la comida preparada por el restaurante Baiuca aguarda el momento en el que saldrá de los recipientes herméticos con destino a los platos. Hoy toca una nutritiva fabada, a la que seguirá un filete con patatas coronado por una pieza de fruta.
Colaboración
Los alumnos de mayor edad, eficientes y diligentes, ayudan a las monitoras. Con sumo cuidado vierten el agua en los vasos y se preocupan de que todo esté en perfecto orden.
Acabados los preparativos, llega el momento de sentarse a la mesa. Cuando se les pregunta a los pequeños si les gusta comer en la escuela, un coro de síes inunda la estancia. Solo la voz de un niño discrepa de la mayoría y, al momento, una compañera suya replica que el menú de la jornada no está entre sus preferidos.
Estos dicharacheros jovencitos afirman que se comen todo lo que les ponen y que durante el almuerzo son muy formales, algo que ratifican las personas que están a su cargo. A alguno, las monitoras tienen que darle una ayudita porque parecen remisos a llevarse la comida a la boca, mientras que otros han devorado el primer plato y ya van con el segundo.
En este centro, como en otros en los que se utiliza como comedor una estancia que fue concebida para otros usos, el personal de Golfiño se encarga de dejarlo todo en perfecto estado, como si el aula nunca hubiera estado ocupada por platos y cubiertos.
En el Pilar Maestú de A Pobra, por ejemplo, tuvo que habilitarse como comedor el antiguo laboratorio.
Los centros que carecen de espacios dependientes de la Xunta, que en la comarca son la mayoría, están gestionados por las asociaciones de padres. En ellos se sirve el cátering, que preparan los restaurantes a los que se les contrata el servicio especialmente para los centros educativos de la comarca. Actualmente, las entidades de progenitores ya gestionan más comedores escolares que la propia Xunta.
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