Noelia Barreiro es la única pasajera del bus escolar entre Eirón y A Picota.
Hace dos décadas, los niños de su parroquia llenaban el autobús que los llevaba al colegio en el que cursaban la EGB, pero hoy Noelia Barreiro es la única pasajera del transporte escolar que cubre la ruta entre Eirón y el centro escolar de A Picota, en Mazaricos.
Noelia Barreiro Franco tiene 13 años y estudia segundo curso de la ESO. Casi sin darse cuenta se ha convertido en el reflejo no solo de lo que pasa en su parroquia, sino en buena parte de la Galicia denominada rural. Un territorio que a pasos agigantados se va quedando vacío «porque os mozos marchan e os vellos morremos», como apunta no sin cierta retranca uno de los vecinos de la escolar que cada día ve pasar por delante de su casa el microbús que la recoge poco antes de las nueve de la mañana y la devuelve a la hora del almuerzo.
«Antes viña un autocar grande e collía a medio cento de rapaces polos lugares, agora mandan o coche pequeno porque xa solo queda esta cría, e chega de sobra», apunta el parroquiano mientras señala con el dedo una vieja marquesina cubierta de maleza que antaño era punto de encuentro de los más pequeños. «Aquí polas mañás era fácil ver a 20 ou 30 rapaces xogando mentres esperaban polo autobús. Agora é unha pobreza, e o peor aínda está por vir porque aquí apenas nacen nenos», puntualiza.
Una parroquia envejecida
En las seis aldeas que componen la parroquia de San Fins de Eirón viven, actualmente, un total de 346 personas. De estas, 164, prácticamente la mitad, tienen más de 60 años. Los datos demográficos son demoledores y absolutamente concluyentes de cómo será el futuro si esto no cambia: en los últimos dos años solo han nacido dos niños, mientras que las defunciones se aproximan a la veintena. Paralelamente a ello, la falta de oportunidades laborales ha provocado un descenso del 40% en el número de jóvenes que ya no están en edad escolar, y que se han visto obligados a desplazarse a trabajar a otros núcleos en los que acaban asentando su residencia de forma definitiva.
«En 1979 eramos 48 os rapaces do lugar os que iamos ao colexio de San Cosme e agora xa ves. Tiñamos que compartir asento no autobús e incluso había xente que se vía obrigada a ir de pé. Deses apenas seguimos vivindo aquí oito persoas», precisa Sergio Novio García, uno de estos jóvenes que pese a trabajar en Santiago sigue residiendo en el núcleo de Cuíña. García puntualiza: «Os que non se dedican á gandería non teñen máis remedio que buscarse a vida noutros lugares».
Estas circunstancias no pasan desapercibidas para Noelia, quien dice lamentar el hecho de no tener más compañeros de estudios en su misma aldea con los que compartir dudas o problemas que puedan surgir en el centro. «Á hora de estudar ou de facer traballos viña ben que fósemos máis, aínda que o certo é que o levo ben e xa estou acostumada. Creo que para o ano empeza outra rapaza de aquí e despois xa imos ser dúas», apunta Noelia.
Hasta que eso suceda, Noelia seguirá compartiendo conversación con Pedro, el conductor del bus en el que recorre los escasos 15 kilómetros que separan el lugar de Outeiro, donde vive, del colegio de A Picota. «Xa sei que non se pode falar co condutor pero nestas circunstancias non queda máis remedio», dice.
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