La policía asegura que el caso del muchacho, que permaneció 20 años en el anonimato, es excepcional y que a los cadáveres se les pone nombre al poco tiempo
Un suceso excepcional. Ese es el comentario más escuchado en los últimos días sobre el caso de Óscar Ortega, el joven de 22 años que en 1988 murió al ser arrollado por un tren en las inmediaciones de Fontiñas. Veinte años se ha tardado en poner nombre al cuerpo que, hasta 1995, descansaba en una tumba propiedad del Concello de Santiago. Ahora, se hace cada vez más probable que su cuerpo se haya perdido para siempre en la fosa común del cementerio de Boisaca.
La policía asegura que el caso de Óscar Ortega es único debido a sus características. «Actualmente non temos ningún cadáver sen identificar na cidade, e dende logo nunca se dera que se tardara tanto en poñer nome a un corpo». Según cuentan, los pocos cadáveres sin identificar que llegan a sus manos son de extranjeros, y sus familias los reclaman al poco tiempo. Por eso no llegan a enterrarse en la fosa común, si no que descansan en sepulturas de propiedad municipal. Tampoco se espera más tiempo del normal para proceder a soterrar los restos mortales. «Só hai que facer a autopsia e demais trámites necesarios para ter os datos do corpo e despois procédese ao enterro», comentan desde la policía.
Recordatorio mediático
«En situacións como as de Óscar Ortega, cando pasan cinco anos e os restos mortais deben ser trasladados á fosa, facemos un recordatorio por se a familia é quen de identificar o corpo». Precisamente, la imagen del joven arrollado por el tren en Santiago fue difundida en la prensa nacional, y la policía acudió a las televisiones para dar notoriedad al caso y permitir a los parientes identificar el cuerpo. El esfuerzo no sirvió de nada, al igual que ocurriera a finales de los 80, cuando el suceso conmocionó y levantó las suspicacias de la ciudad a partes iguales.
Ahora, el cierre del caso está muy cerca. Habrá que esperar a que el juzgado correspondiente termine de realizar los trámites para que las diligencias 2.049, las únicas que contenían el expediente de un cadáver sin identificar en las dependencias policiales compostelanas, queden zanjadas definitivamente. Mientras, la familia es ya la responsable de los restos mortales del muchacho.
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