No es fácil decidir cual quieres que sea la frase por la que te recuerden después de tu muerte. Los hay que, previsores hasta el último detalle, dejan escrita su declaración final, a modo de testamento. Pero en la mayoría de los casos, son los familiares los que deben decidir qué grabar sobre la lápida del ser querido fallecido. En estos casos, los tanatorios se encargan de facilitarles una lista de epitafios entre los cuales elegir. «Son frases enlatadas y repetitivas, sin emoción ni sentimiento porque no salen de uno mismo», comentó Estanislao.
Para él, un epitafio es algo personal, que debería ser original y único para cada persona: «Ahora en los cementerios no hay más que dedicatorias muy similares, que te regalan con la lápida. No es algo sentido, pero como queda bonito, se repite muchas veces».
Intimista
El autor ha realizado un verdadero estudio de la historia de los epitafios en Galicia y, por lo tanto, es testigo directo de la evolución que han sufrido. «En las tumbas más antiguas, de hace más de dos siglos, se usaba mucho el latín. Era una manera de destacar. Hay uno que se repite en muchos cementerios y que significa: aquí yace polvo, ceniza, nada».
Estanislao considera que escribir un epitafio personal y sentido es algo artístico, poético: «Mucha gente se conforma únicamente con un D.E.P o un R.I.P. Poner algo más es como hacer poesía intimista, es mostrarse a los demás, y hay quien siente vergüenza».
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