Una expedición noiesa descubre en los Andes los restos del valle de Vilcabamba
«Tras coronar el Nevado de Choquezafra, la cumbre que creíamos virgen nos dio una gran sorpresa, al encontrar en la cima un pequeño montón de piedras formando un hito y con un bote de lata en su interior». Andrés Murillo relata emocionado el momento en que sus ojos veían por primera vez el Apu sagrado de los incas. La decepción de haber sido los segundos en coronar esta cumbre no pudo ensombrecer el hecho de haber llegado hasta allí, a más de 5.000 metros de altitud, y haber abierto tres nuevas rutas de escalada en la cordillera de los Andes.
Tres eran también los escaladores de la Asociación Terra Meiga de Noia que descubrieron, el 9 de julio, un papel protegido con una bolsa de plástico, que contenía la dirección y el nombre del primer conquistador de la cima de la montaña sagrada de los incas. El hombre que se les había adelantado era de origen alemán, y había subido la montaña peruana hacía exactamente 40 años y 2 días.
«Fue difícil, porque el campamento base estaba a 3.000 metros y a esa altitud cualquier movimiento supone mucho esfuerzo», cuenta Andrés Villar, que también lamenta que la mala climatología que los acompañó durante este tiempo les impidiese hacer incursiones en otras montañas sagradas, como el pico Salkantay, que se eleva más de 6.200 metros sobre el nivel del mar.
Dificultades
El frío y la nieve fueron una constante durante la expedición, que, unidos a la niebla amazónica que dificultaba la visión hasta el atardecer incapacitó a los alpinistas para explorar en condiciones la ladera de Nevado de Choquezafra en busca de restos arqueológicos.
Y es que el viaje tenía como objetivo principal encontrar los restos de la ciudad de Vilcabamba la Grande, arrasada por el fuego hace más de 500 años. Dirigidos por Santiago del Valle, los escaladores han conseguido rescatar del olvido numerosos restos arqueológicos, entre los que destacan recintos de viviendas, caminos incas, terrazas de cultivos y varias construcciones aún por definir. Ahora habrá que esperar a que los expertos cataloguen y restauren estos hallazgos. Andrés Villar tiene la esperanza de que, «en algunos años, los turistas puedan visitar estos descubrimientos en buenas condiciones».
Proyectos
«Aún queda mucho por descubrir, ya que según los relatos escritos por el cronista del siglo XVI y de origen gallego, Juan de Betanzos y Sarmiento de Gamboa, existían en la ciudad unas 300 edificaciones diversas». Ocultas permanecen aún viviendas, palacios y terrazas de cultivos, asegura Villar, quien relata que «es muy difícil el avance debido a la vegetación existente. Son casi 500 años de crecimiento».
Ahora, el equipo formado por Andrés Villar, Rubén Suárez y Pablo Fadeville, se repone de la experiencia mientras prepara ya la vuelta. «En años próximos iremos sacando a la luz más. En la siguiente expedición tenemos previsto realizar la reconstrucción total de varias edificaciones para permitir las visitas».
Los alpinistas también esperan compartir con todos su aventura a través de un trabajo audiovisual que se hará público, si todo va bien, durante el mes de septiembre.
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