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Pontevedra también atesora batas históricas de Amancio Ortega

La Bienvenida tiene dos prendas de la marca Goa, el germen de Zara, que la mercería guarda desde hace medio siglo


pontevedra / la voz 19/10/2016 05:00

La apertura de la exposición Galicia Cen en A Coruña, que a través de objetos cuenta la historia de esta tierra, hizo famosa la bata que se guardaba como oro en paño en una mercería de Porto do Son. Es una prenda sin usar de Goa, la empresa que fue el germen de Zara. Al parecer, y tal y como señaló el comisario de la muestra, ni siquiera el propio Amancio Ortega tiene esa reliquia textil que puso los cimientos de su compañía. Tras la aparición de la bata, la bombilla se le iluminó a otro comerciante, en este caso de Boiro, que se acordó de que él también guardaba dos prendas de andar por casa de Goa. Pues resulta que la historia se repite en Pontevedra. Basta con ir hasta la mercería La Bienvenida para comprobarlo. Ahí también se conservan dos batas de Ortega, con la particularidad de que estas son de niña. Una de ellas es de estética psicodélica, con tonos azules y amarillos. La otra, lisa, de colorido azulado. Su dueña, Begoña Dapena, era franca ayer: «No sabía yo que las batas eran famosas si no ya las hubiese promocionado antes».

Fue una amiga de Begoña la que, hace unos días, le preguntó si esas batas antiguas que tenía en su tienda no serían las mismas de las que tanto se estaba hablando. Begoña no necesitó hacer ninguna comprobación: «¡Claro que son de Goa, lo pone bien claro en la etiqueta», señalaba. Ella lleva toda la vida en este negocio familiar que va por la cuarta generación -y que debe su nombre a su bisabuela, a la que llamaban Bienvenida porque, en realidad, era la viuda de Bienvenido- pero es demasiado joven para haber comprado ella las batas. Lo hizo su padre, Chicho Dapena, que enseguida aparece por el negocio para arrojar luz sobre el asunto: «Las batas, más o menos, deben de tener 50 años. Entonces no había demasiadas fábricas que hiciesen esas prendas. A Goa le comprábamos batas y camisones. Recuerdo al representante, un muchacho alto. La verdad es que se vendían bien, quedaron esas ahí pero nada más. Tiraban bastante, eran buenas y calentitas», señala.

Las prendas no solo aguantaron el paso del tiempo, también se trasladaron varias veces de local. No en vano, aunque el negocio que ahora existe al final de la calle Real siempre permaneció ahí, la firma tuvo otros establecimientos en distintos puntos del centro, al que llevó mercancía como estas dos Goa. De hecho, Begoña Dapena dice que es casi un milagro que las siga conservando: «Mi padre guarda todo, pero yo soy más de tirar. Pero estas se fueron quedando ahí. Y las ofrecí varias veces, incluso regaladas a niñas del barrio, pero no les servían», indica. Ahora, se ríe al hablarle de venderlas. No les pone precio. Pero señala entre carcajadas: «A ver si me da para ir al Caribe».

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