El genio que defiende a los niños

¿Una, dos, tres... A cuántas actividades extraescolares deben ir los críos? ¿Parque o calle? Habla Tonucci


pontevedra / la voz 23/09/2016 05:00

En un instituto arousano, en el despacho de una docente, hay una viñeta de esas que dan para pensar. La cosa se resume más o menos así: se ve a un niño que, a los seis años, sentado en el pupitre del colegio, le dicen cómo debe hacer las cosas. Crece y, con ocho, alguien le insiste ¡hazlo así!, ¡se hace así! Hasta que un día, con once, alguien le espeta que tiene que elegir, que debe saber tomar decisiones. Y él, con lógica, responde «¿elige? ¿elegir? ¿qué quiere decir?». La viñeta la firma Frato, que es el sobrenombre de Francesco Tonucci, pensador y psicopedagogo que estos días está de visita en Pontevedra. No es casualidad que pase por la ciudad del Lérez. Los gobernantes pontevedreses se inspiraron en su ideario para poner en marcha el modelo de ciudad, con la peatonalización como bandera. Así, Tonucci da consejos para sacarle partido a una capital pontevedresa que ahora, sin coches, puede andarse por los cuatro costados y ser disfrutada por los niños. Pero, como el genial pensador que es, sus pautas son universales. Y quizás sirvan para quienes, este mes, debatan sobre las actividades extraescolares, las horas de juego en la calle... Pasen y lean.

 

algo que contar

Imprescindible jugar en la calle. Tonucci dice que los niños necesitan tener cosas que contar, cosas interesantes que estén viviendo. Y que un crío que va de casa al colegio, que por la tarde hace actividades extraescolares y que, como mucho, pisa el parque poco tiene que contar. Él no comulga ni con los cursos por doquier, con entretener a los críos en mil y un deportes, clases de idioma y demás, ni con los espacios cerrados de juegos. «Los parques son casi un insulto a la inteligencia de los niños. Meter a un crío en un columpio es como decirle que él no sabe jugar y hay que enseñarle», dice. ¿Qué propone? Que tomen las ciudades, las villas, las aldeas... Dice que es imprescindible que jueguen en la vía pública para que tengan cosas que contar. ¿Y qué dice del miedo que sienten los padres ante tal cuestión? Es bien claro: «¿Miedo? Todo al contrario, tenemos que dejar que les pasen cosas, que corran peligros».

 

 

ir al colegio solos

¿A qué edad? Depende. Tonucci tiene claro que, en una ciudad como Pontevedra, en la vanguardia de la peatonalización, un niño de seis años puede ir perfectamente solo al colegio. En otras urbes no se atreve a decir una edad concreta. Pero sí considera que, cuanto antes lo haga, mejor. Insiste en que el primer paso para dar autonomía a los hijos es el corte del cordón umbilical y que, a partir de ahí, tiene que seguir aumentando. Por ejemplo, habla incluso de las guarderías. Y cuenta: «Yo recomiendo que a un niño pequeño, de dos años, se le deje solo los últimos metros antes de entrar en el aula de la guardería. Tuve una experiencia en Italia en ese sentido. En una escuela, una monitora me contaba algo maravilloso. Cuando a un niño lo mete su madre dentro de la escuela, pasa de los brazos de la mamá o del papá al de la cuidadora y es frecuente que llore. En cambio, si entra solo, por su pie... No le recibe la monitora, le reciben los niños, que son los que están a su altura. Y lo más normal es que no llore», indica este pensador.

 

 

La meteorología

¿Y si llueve? ¡Mejor! Uno escucha a Tonucci hablando de que los niños vivan la calle y se imagina el invierno gallego. La lluvia un día sí y otro también... Pero el pensador no tiene dudas. «¿La lluvia? La lluvia es una maravillosa oportunidad», dice. Luego, explica: «En Finlandia, solo está prohibido sacar a los niños fuera del colegio cuando la temperatura baja de los -30 grados, sí, sí, -30 grados... Hasta esa temperatura bajísima, con nieve, con lluvia, con lo que sea es obligatorio sacarlos fuera». E indica que hay cosas que para los niños son placeres divinos: «Ponerse las botas, saltar en los charcos y usar paraguas, o incluso mojarse bajo la lluvia es una experiencia con la que disfrutan muchísimo».

 

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