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La peatonalización acarreará el cambio consensuado de la parada de taxis

Mantenerse en A Independencia o trasladarse a Edelmiro Trillo son dos de las opciones que se manejan


vilagarcía / la voz 23/09/2016 05:00

Ravella se puso ayer en contacto con los representantes de los autopatronos de taxis para fijar una reunión en la que decidir dónde ubicar la parada que desaparecerá con la peatonalización de un tramo de la plaza de A Independencia. El Concello insiste en que el traslado se realizará con el consenso del sector y teniendo en cuenta también la opinión de los técnicos municipales.

Dos son las opciones que ya se lanzan desde el Concello, pero tampoco se cierra ninguna posibilidad. «La reubicación podría ser en la misma plaza, en Edelmiro Trillo o en cualquier otra que consensúe el gobierno local con los autopatronos», apuntan fuentes municipales.

 

El problema de los autobuses

El proyecto de peatonalización abarca también una parte de Padre Feijoo y de la plaza de Galicia e implicará, obligatoriamente, un cambio en la ruta de la línea de autobús circular que discurre entre Vilaxoán, Vilagarcía y Carril. De nuevo, al igual que sucede con los taxistas, el Concello apunta que desde la alcaldía se ha contactado con la empresa Pereira para fijar una reunión. «Existen varias alternativas, pasando y sin pasar por la Plaza de Galicia», afirman desde el gobierno local. De todas formas insisten fuentes municipales que la propuesta está aún «en un estado embrionario». Es decir, que su realización no será inminente porque, apuntan desde el equipo de Alberto Varela, «hay que elaborar el proyecto técnico, fijar la financiación, subastar las obras, etcétera».

Por lo que respecta a los semáforos de la Plaza de Galicia, que también perderán su función reguladora del tráfico una vez que la zona se convierta en peatonal, desde el Concello se apunta que no se irán para un almacén sino que «se reutilizarán en cualquier otro lugar del casco urbano que precise regulación semafórica». Cabe recordar que estos elementos, que fueron allí colocados durante el mandato de Tomás Fole, nunca han pasado inadvertidos tanto por su diseño, totalmente distinto al tradicional, como por su coste, que alcanzó los veinte mil euros.

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