Mariñanos con Fidel Castro

Alcaldes y pequeños empresarios realizaron en noviembre del 91, hace 25 años, un viaje muy especial a Cuba


viveiro / la voz 30/11/2016 09:45

Fue en el 91, en noviembre de 1991, hace exactamente 25 años. Un viaje muy especial para aquella delegación, sin duda; una expedición de A Mariña en la que también iban algunos alcaldes del centro y sur de Lugo.

Formaban parte de esa delegación, entre otros, César Aja, entonces alcalde de Viveiro; Guillermo Salgueiro, regidor de Ourol; José Veiga, entonces teniente de alcalde en Viveiro y que fue diputado provincial; Yanes Ginzo, regidor de Trabada; Fernández Sampayo, que fuera alcalde de O Valadouro; G. Rigueira, alcalde de Alfoz, Fe Rodríguez Rocha, alcaldesa de Lourenzá, y otros mariñanos como Pablo Vivín, el fallecido Arias Franco, Paulino, empleado de Arifran, Ana Noriega, Dulce Chao, esposa de Aja, y más gente, pues era un grupo numeroso de vecinos, pequeños empresarios y políticos.

Efectivamente, no fue un viaje más, pues hubo ocasión de ser recibidos en La Habana por el entonces embajador español en Cuba; posteriormente también por el gobernador de Santiago de Cuba en una recepción con cena y música en el jardín del palacete. Uno de los actos más especiales probablemente fue la cena con unos 500 emigrantes gallegos en el palacete de la sociedad Rosalía de Castro, a la que acudió el vicepresidente del Gobierno cubano, el «Gallego» Fernández; también el escritor Xosé Neira Vilas y su mujer, Anisía. Imposible olvidar aquella escena de los viejos emigrantes envolviendo las sobras de la comida para llevárselas a casa; pulpo y jamón (lacón) llevados desde Galicia. Aquella misma noche Fidel Castro recibió a la delegación mariñana en el Palacio de la Revolución; hubo de ser interrumpida la cena para que la delegación de A Mariña, acompañada por el «Gallego» Fernández, se trasladara a medianoche por las calles de La Habana hasta la Plaza de la Revolución.

Hubo con Castro una charla larga, distendida, sobre Galicia; rondaron los mojitos. La singularidad de ese viaje fue que en la misma tarde pasabas de estar en los callejones más lúgubres con un helado de cartón y agua congelada en la mano a poder acceder a la residencia de un embajador o de noche, al mismo Palacio de la Revolución y ser recibidos allí por Castro. Era aquel un tiempo histórico y difícil, tras la caída del muro de Berlín; de «período especial» en Cuba.

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