«¡Objetivo cumplido, lo conseguí! No me imaginaba que todo fuera tan duro, pero está conseguido. Ahora tengo ganas de llegar a casa, el calor nos está matando, creo que está nevando por España..., quiero frío». Así se lo cuenta Julio Antolín a su mujer, Rocío Martínez. «Este año noto euforia porque las cosas salieron bien -se clasificó en el puesto 31 en la general; casi la mitad de los 200 que empezaron la prueba, en el desierto australiano de Kimberley, abandonaron- , pero al mismo tiempo noto que el deterioro físico debe ser importante, cuando me habla se lo noto, no puede andar y sigue con hambre y sueño», relata ella, la mejor corresponsal posible de las increíbles hazañas de su marido.
Nadie esperaba una carrera tan larga. «Había muchos bichos por todas partes, hormigas, insectos, de todo. Australia es el país de los bichos», dice Antolín. «Esta vez salieron bien las cosas, cuando uno está corriendo más de diez horas, por la cabeza se pasan muchas cosas, este tipo de retos deben nacer con uno, no hay explicación, me lo planteé y ahora este objetivo está cumplido, cinco continentes, mundos totalmente distintos a los de aquí, en A Mariña (...). Aquí hay muchos aborígenes y en dos días en el pueblo presientes que están totalmente marginados... Me recordó la India; para mí esto es otra parte de la carrera, la diversidad del mundo... Son cinco continentes, estoy contento, pero demasiado duros estos retos».
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